duelo en navidad

Al finalizar un año, es común que las personas revisen lo vivido: los retos afrontados, los momentos de bienestar y las experiencias que dejaron huella. En ese balance también aparece la presencia de quienes acompañaron el recorrido y la ausencia de aquellos seres queridos que ya no están físicamente.
Es en ese contraste donde surgen recuerdos que despiertan emociones diversas como nostalgia, gratitud y donde. De manera silenciosa, puede hacerse presente el vacío que deja la pérdida. Un vacío que no siempre se expresa con palabras, pero que se reconoce en cómo las festividades, las rutinas y los planes adquieren un tono distinto.

Allí se hace evidente el duelo: un proceso natural que invita a reconocer la ausencia y encontrar formas de seguir adelante con sensibilidad y respeto hacia lo vivido.

El duelo en Navidad y fin de año

En fechas como la Navidad y el cierre de año, las emociones del duelo suelen intensificarse. Según William Worden (2009), estos momentos pueden reactivar de forma natural las tareas del proceso de duelo: aceptar la pérdida, procesar el dolor, adaptarse a una vida sin el ser querido y encontrar una manera significativa de mantener vivo el vínculo.

Desde el Modelo de Doble Procesamiento de Margaret Stroebe y Henk Schut (1999), se comprende que la persona en duelo alterna entre momentos de mayor dolor y otros en los que logra retomar rutinas y actividades. Durante estas celebraciones, la ausencia se hace más visible; sin embargo, estos cambios no indican retroceso, sino una forma natural de adaptación.

Cuando el amor hace más visible la ausencia

En esa mezcla de momentos se revela algo profundo: el amor por quien ya no está sigue presente. El dolor no se intensifica por falta de avance, sino porque estas fechas despiertan recuerdos, rituales y gestos que hoy tienen un significado distinto.
Reconocerlo no nos hace frágiles; nos recuerda que seguimos sintiendo. Dar espacio a lo que ocurre por dentro, sin exigirnos estar de una manera diferente, también es parte del cuidado emocional.

¿Qué puedo hacer en estas fechas para mantener vivo el recuerdo de mi ser querido?

1. Reconocer lo que siento
Puede aparecer tristeza, nostalgia, rabia o incluso momentos de calma. No hay una forma “correcta” de sentir. Permitirte reconocer lo que pasa dentro de ti es un acto de cuidado.
2. Date permiso para recordar
Los recuerdos pueden llegar solos: un aroma, una imagen, un instante que trae a tu ser querido a la mente. No tienes que buscarlos ni evitarlos. Recordar no es retroceder; es reconocer el lugar que sigue ocupando en tu vida.

3. Darte permiso para descansar
El duelo agota. Estas fechas suelen traer muchas expectativas, pero tú puedes elegir pausar, decir que no a algunas actividades y priorizar lo que realmente te hace bien.
4. Elegir un momento significativo, no perfecto
Tal vez quieras preparar un plato que te recuerde a esa persona, escuchar una canción especial o compartir una historia en familia. No se trata de llenar el vacío, sino de darle un lugar amable.
5. Buscar compañía que sea refugio
Estar con personas que respeten tu proceso marca la diferencia. No necesitas explicar demasiado; a veces solo estar acompañado ya sostiene.

6. Crear un gesto significativo que te acerque a su memoria
No tiene que ser algo grande: encender una vela, poner una foto en un lugar especial, escribirle unas líneas, o hacer una acción que él o ella valoraba. Estos pequeños gestos que nos permiten honrar su presencia y darle un lugar al amor que permanece.
7. Abrir un espacio para los momentos de calma o calidez
En medio del dolor pueden aparecer instantes de luz: un recuerdo que reconforta, una carcajada inesperada, una sensación breve de tranquilidad. No traicionan tu duelo; son parte del vínculo que sigue vivo. Permítelos sin culpa. Son recordatorios de que el amor no desapareció, solo se transformó.

 

Psi. Eliana Cote
Psicóloga de la Unidad de duelo de Los Olivos

 

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