resiliencia en el duelo

Perder a un ser querido cambia la vida de forma repentina. El duelo es un proceso profundamente doloroso y confuso, pues nadie está realmente preparado para enfrentar una realidad sin esa persona. Los cambios llegan de golpe, y muchas veces no se sabe cómo afrontarlos.


Como lo explica el psicólogo J. William Worden (2004), el duelo es una reacción natural y emocional ante la pérdida de alguien con quien se tenía un vínculo significativo. No es un momento puntual, sino de un proceso que se vive a lo largo del tiempo, con su propio ritmo y necesidades, de manera individual y única.

 Es común sentir que el dolor no terminará nunca, que el vacío lo envuelve todo. Mientras la persona apenas comienza a procesar la ausencia, el entorno a veces espera que “esté mejor” mucho antes de que esté lista. La soledad, vulnerabilidad e incomprensión puede aparecer, incluso estando rodeado de personas bien intencionadas. Expresiones como “tienes que ser fuerte” o “la vida sigue” pueden profundizar la sensación de desconexión.


Las lágrimas pueden surgir sin aviso, levantarse puede sentirse como un triunfo y lo cotidiano volverse abrumador. Incluso algunas amistades se alejan al no saber cómo acompañar. Todo esto es parte natural del duelo, no un signo de debilidad. Con el tiempo y el cuidado adecuado, es posible sostenerse, reconstruirse y transformar el dolor en una nueva forma de vivir: eso es la resiliencia.

¿Qué es la resiliencia en el duelo?

Es la capacidad de adaptarse a la adversidad y reconstruirse desde el dolor sin negar lo vivido. No significa “superar” u “olvidar”, sino aprender a vivir con la ausencia y encontrar nuevas formas de sentido.


Como lo explica el neurólogo y psiquiatra Boris Cyrulnik, (2001) “la resiliencia no significa evitar el dolor, sino tener la capacidad de vivir, crecer y, a veces, incluso fortalecerse a través del sufrimiento”. Ser resiliente no es dejar de sentir, sino más bien aprender a vivir con lo que duele sin quedar detenido en el sufrimiento.

que es la resiliencia en el duelo

Pequeñas acciones que fortalecen la resiliencia

1. Permitirse sentir sin juicio
Llorar, extrañar, enojarse o no tener respuestas. Todas las emociones son válidas y forman parte del proceso. Nombrar lo que se siente ya es un acto de fortaleza.
Ejercicio: Cada noche, puede escribir en una libreta la frase: “Hoy me sentí…” y deje que las palabras surjan con libertad, sin corregirlas ni juzgarlas.

2. Crear un ritual simbólico
Encender una vela, escribir una carta, sembrar una planta o visitar un lugar significativo. Estos gestos permiten seguir amando desde la presencia interna, no desde la ausencia.
Ejercicio: Elija un objeto simbólico que represente al ser querido fallecido y dedíquele un espacio especial. Cuando necesite conexión, acuda a ese lugar para respirar, recordar o simplemente estar.

3. Reconectar con lo que da sentido
Recordar aquellas pequeñas cosas que antes generaban calma o bienestar: caminar, dibujar, leer, cocinar, orar. No se trata de distraerse del dolor, sino de encontrar espacios que permitan sostenerlo.
Ejercicio: haga una lista de tres actividades que en el pasado brindaban paz o bienestar. Retómelas lentamente, una por semana, respetando su propio ritmo y sin exigencias.

Cultivar la resiliencia es aprender a sostenerse con amabilidad, incluso en medio del dolor. Cuando una persona se cuida, está reconstruyendo desde adentro y dando forma a un nuevo modo de vivir donde el amor no se pierde, solo cambia de forma.

Psi. Eliana Yajaira Cote Bonilla
Psicóloga de la Unidad de duelo de Los Olivos

 

Referencias
Cyrulnik, B. (2001). Los patitos feos. La resiliencia: una infancia infeliz no determina la vida. Gedisa.
Payàs, A. (2010). El mensaje de las lágrimas: una guía para superar la pérdida de un ser querido. Paidós.
Worden, J. W. (2004). El tratamiento del duelo: asesoramiento psicológico y terapia. Paidós.

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